“Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.”

Artículos de interés: La familia

La familia es una realidad presente en la sociedad, aunque en modalidades y formas distintas. Inicia con la alianza conyugal entre el varón y la mujer, para continuar con la comunidad de vida entre padres e hijos; en ella existen una gran variedad de valores, usos, costumbres, normas y leyes que la configuran no sólo como un grupo social característico, sino como una institución social fundamental.

La Iglesia, en sus enseñanzas sobre la familia, parte del conocimiento que posee por la Revelación sobre el hombre y la familia, a las que une los hallazgos de la razón sobre la naturaleza y las exigencias éticas relativas a la vida familiar; además tiene en cuenta las aportaciones de las ciencias sociales sobre la familia, como datos a considerar, pero no como pauta de comportamiento, es decir, aunque socialmente existan varios divorcios o bastantes uniones “libres”, no indica que esa sea lo postura de la Iglesia y la propuesta que haga sobre la realidad de la familia.

Con el crecimiento de la familia, conviene la educación de los hijos y como consecuencia de la misma sociedad, por ser la base de ella. El futuro de la sociedad depende de ella, de su buen funcionamiento y de su buena educación.

La familia como institución social

Una lucha entre conceptos, porque se contrapone la “familia tradicional” con las “familias modernas”, enmarcan trampas que solo buscan desviar la atención de lo que es el verdadero sentido de familia, que se encuentra fundada en el legítimo matrimonio.

La familia es expresión primera y fundamental de la naturaleza social del hombre. «En el matrimonio y la familia se constituyen un conjunto de relaciones interpersonales -relación conyugal, paternidad-maternidad, filiación, fraternidad- mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la «familia humana» y en la «familia de Dios» que es la Iglesia (Familiaris Consortio, 15).

Aunque la familia es objeto de estudio de muchas ciencias, no debemos olvidar que es una realidad humana con serias implicaciones éticas para el desarrollo humano y para el bien común de la sociedad. Para ello la teología aporta luces nuevas para una mejor comprensión de ella, para que responda a los planes del Creador; y es en las primeras páginas de la Biblia, tras la narración de la creación, que aparece el matrimonio, la institución familiar, en la bendición de Dios a nuestro primeros padres para que crecieran y se multiplicaran (Gen 1,28); «El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y son los dos una sola carne» (Gen 2, 24). Expresan la grandeza del matrimonio y sus propiedades esenciales: la unidad y la indisolubilidad. Jesús se refiere a ellas cuando explica la indisolubilidad del matrimonio y remite «al principio», esto es, a los planes del Creador (Mt 19, 4-6).

En otros muchos lugares de la Sagrada Escritura se alude directa o indirectamente al matrimonio y a la familia, a su significado y exigencias éticas. San Pablo llega a comparar la unión entre los esposos a la que existe entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 22-32).

¿Cuáles son estas enseñanzas de la Escritura y del Magisterio?

«Según el designio de Dios, el matrimonio es el fundamento de la comunidad más amplia que es la familia, ya que la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y educación de la prole, en la que encuentran su coronación» (Familiaris Consortio, 14).

El matrimonio, núcleo y origen de la familia, surge del consentimiento personal e irrevocable, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente. «De este consentimiento nace, también ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina» (Gaudium et Spes, 48). De aquí que pueda afirmarse que la familia «Es la sociedad natural donde el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2207). La familia es, por ello, «una comunidad de personas, para las cuales el modo propio de existir y vivir juntos es la comunión» (Carta a las Familias de 1994, 7).

«Por ser una donación mutua de dos personas, y por el bien de los hijos, esta unión exige la plena fidelidad de los esposos e impone su indisoluble unidad» (Gaudium et Spes, 48). La alianza matrimonial, «Consorcio de toda la vida, ordenada por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo a la dignidad de sacramento entre bautizados» (Código de Derecho Canónico, 1055,1). La institución natural del matrimonio es, pues, anterior al sacramento del matrimonio. Mientras que la institución matrimonial deriva de la naturaleza humana y sus exigencias éticas y sociales alcanzan a todos, el sacramento del matrimonio es el modo concreto de acceder a la institución matrimonial entre bautizados.

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