“Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.”

Grupos PARROQUIALES
¿A quién atender? ¿A quién dar preferencia? ¿A los movimientos/grupos parroquiales o a la gran comunidad parroquial? Este planteamiento se hace presenta en la vida de una Parroquia, y el sacerdote debe responder a estas cuestionantes a través de su labor de pastor en medio de ella.
- Los grupos parroquiales o movimientos dentro de la Iglesia, tienen su legitimidad y es un derecho de los fieles, que deben asociarse para vivir de acuerdo al “carisma” que han recibido. El Espíritu Santo, se hace presente en ellos y actúa a través de ellos; por lo cual, tanto el sacerdote como la misma comunidad, deben cultivarlo y deben discernir sobre ellos, de tal manera que contribuyan al “bien común”, en la edificación de la Iglesia y en la construcción del Reino de Dios en medio de la humanidad, de manera concreta en su comunidad parroquial.
- La salvación de Dios por medio de la Iglesia es para todos. La Iglesia es sacramento universal de salvación e instrumento de unidad de todo el género humano (LG 1), porque Jesucristo es el Salvador del hombre y de todos los hombres; si esta salvación se hace presente, el primer destinatario de la acción pastoral es el pueblo de Dios, que está llamado a ser IGLESIA o COMUNIDAD DE SALVACIÓN. Ella debe recibirla y debe comunicarla a los demás: “fue voluntad de Dios santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara de verdad y le sirviera santamente” (LG 9). La salvación es eclesial.
- En la parroquia se ofrece a los fieles todo lo necesario para su salvación; esto es posible en cuanto la parroquia está y permanece integrada a la Iglesia diocesana, presidida por un sucesor de los apóstoles y así en comunión con la Iglesia universal. Cada diócesis, como Iglesia particular, hace presente a la Iglesia fundada por Jesucristo, como “una, santa, católica y apostólica”; está bajo la responsabilidad del Obispo (c. 515 &1), quien a su vez, se ayuda por los presbíteros, a los cuales encomienda el cuidado de cada una de las comunidades.
- La comunidad parroquial, es un componente esencial de la parroquia al que el párroco debe atender y, por ningún motivo descuidar; no puede existir la comunidad parroquial sin la comunidad de los fieles, y el presbítero debe recordar que la tiene bajo encomienda y responsabilidad personal, debe actuar como pastor con todos.
- Los movimientos y grupos apostólicos necesariamente forman parte de esta “comunidad parroquial”, de lo contrario no serían eclesiales ni católicos. El punto clave: ver que movimientos y grupos se perciben y actúan DENTRO de la Iglesia, INTEGRADOS en la comunidad, SINTIÉNDOSE PARTE de ella. Deben tomar conciencia de que SON UNA EXTENSIÓN de la misma Iglesia y que “HABLAN” en nombre de su comunidad. Para evitar “grupos islas” o “grupos separados”, la diócesis y la parroquia, “vigilan” que haya, de parte de ellos, una integración propia y adecuada por medio del acompañamiento con las reuniones respectivas y la formación “ad hoc” (SC, 42).
